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Quédate en casa (a escribir)


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Por César Sánchez Ruiz



Capítulo 1


Día 282
La técnica del teletransporte (II)


Espero que hayas empezado el año con energía literaria. En el artículo anterior, que publiqué en diciembre, te había hablado sobre cómo ambientar una obra de ficción. Pues bien, en este primer artículo de 2021, y visto que el microbio sigue ahí fuera, voy a mostrarte cómo podrías ambientar una ficción que transcurra en la época que estamos viviendo: la de la pandemia de COVID-19.

Como había explicado en el artículo anterior, el proceso para ambientar una obra de ficción consiste en incluir en la historia o en la narración todo un conjunto de elementos, de todo tipo (escenarios, objetos, personajes, acciones, comportamientos, textos...), que ayuden a crear la impresión de estar en el lugar y el tiempo en los que transcurre la acción.

Bien. Voy a ambientar una ficción que transcurra en un piso de una ciudad cualquiera durante el confinamiento de la población que se produjo en muchos países a raíz de la primera ola de la COVID-19, allá en la primera mitad de 2020. La historia da un poco igual: podría ser la de una pareja, la de una familia, la de alguien que viva solo... Tendremos, como mínimo, un personaje, que habrá quedado confinado en el piso en el que vivía.

Fíjate en que el piso en sí apenas nos dará juego en lo que respecta a la ambientación, puesto que no será un escenario particular de la época que queremos recrear, sino un piso que ya estaba ahí, con sus paredes, sus habitaciones y sus puertas, antes de que comenzasen los contagios, y que, por tanto, no remitirá por sí solo a ningún encierro domiciliario.

Para lograr una ambientación de este confinamiento tendremos que hacernos con elementos que, más que nada, tengan que ver con las personas, ya que esta primera cuarentena no causó cambios en las viviendas o en las ciudades en sí, sino un cambio en el modo de vida de la gente, que pasó de poder moverse y relacionarse sin restricciones a estar cautiva entre cuatro paredes.

Si hemos vivido la época o situación que queremos recrear, como será tu caso (supongo que tú también estuviste confinado en menor o mayor medida), una buena manera de empezar a conseguir elementos de ambientación es recurrir a nuestra propia vivencia.

Por ejemplo, recuerdo que durante los primeros días del confinamiento había mucha incertidumbre por lo que pudiera pasar debido a la rápida propagación del virus, y que ya luego, cuando las restricciones empezaron a hacer efecto y se decidió prorrogar la cuarentena, la sensación era de agobio por llevar tantos días de encierro. Pues bien, podríamos hacer que, simplemente, en algún momento el protagonista o cualquier otro personaje mencione uno de estos sentimientos, la incertidumbre o el agobio provocados por la pandemia.

También recuerdo que oía jugar a los niños en el piso de al lado (las escuelas cerraron, y los alumnos tuvieron que quedarse en casa durante tres meses), y que en ocasiones oía a través del suelo o de las paredes cómo alguien tosía en algún lugar del edificio; era la tos seca tan característica de la COVID-19 que ya había oído en la calle en más de una ocasión. Estos dos elementos también servirían para ambientar la ficción: podríamos mostrarlos directamente o hacer que un personaje los mencione.

Igualmente, recuerdo que por las mañanas me despertaba muy temprano el canto de los pájaros. La calle en la que vivo es una por la que normalmente pasan vehículos, pero debido a las restricciones de movilidad, apenas tenía tráfico durante el confinamiento, y los pájaros la habían hecho suya. Este despertar temprano tan particular sería otro posible elemento de ambientación.

Luego, puedes hacerte con más elementos recurriendo al conocimiento que tengas sobre el mundo que quieres recrear, por más que no sea ya un conocimiento de primerísima mano. Puede que se trate de algo que te hayan contado, o que hayas leído, o que hayas visto en la noticias en la TV.

Por ejemplo, sé que durante el confinamiento mucha gente se vio obligada a teletrabajar. A mí esto no me afectó, puesto que yo llevaba ya unos cuantos años trabajando desde casa como profesor de escritura creativa (aprovecho para recordarte que tienes mis cursos online y servicios online a tu disposición), pero, para la mayoría, esto de trabajar desde casa fue una novedad, y provocó que muchas personas se pasasen todo el día en pijama. Perfectamente podríamos hacer que uno de los personajes tenga este comportamiento.

De la misma manera, mucha gente aprovechó el tiempo libre que se tenía en casa, sobre todo los fines de semana, para hacer gimnasia, o para ver series, o para leer más, o para aprender a cocinar... Cualquiera de esta actividades valdría para ambientar, pero cuanto más propia sea del periodo de confinamiento, más estaremos contribuyendo a crear la impresión de estar en él.

Investigar te resultará muy útil. Por ejemplo, podrías buscar en Internet artículos que expliquen a qué dedicó la gente su tiempo libre durante el confinamiento, y de ahí sacar ideas para ambientar la obra.

Si en algún momento de la historia el personaje sale a la calle, el procedimiento para ambientar esa parte de la historia sería análogo: tendrás que buscar elementos del estilo que se apliquen a las calles de la ciudad y que ayuden a recrear un confinamiento total de la población.

Para empezar, tendremos que hacer que en la calle haya pocos transeúntes y circulen pocos vehículos, ya que durante el confinamiento no se podía salir más que para lo estrictamente necesario, como era comprar comida o medicamentos o acudir a un trabajo esencial. Si no lo hacemos así, el problema que tendrá la obra no será tanto de falta de ambientación como de falta de verosimilitud: no resultará creíble que en una ciudad, durante un confinamiento total de la población, se vea mucha actividad en las calles.

A partir de aquí, podemos potenciar la ambientación haciendo que en la calle, más que poco movimiento, apenas lo haya: que prácticamente no se vean transitar personas ni vehículos. Por ejemplo, si el personaje ha salido para comprar víveres en el supermercado que tiene a doscientos metros de casa, podríamos hacer que en el trayecto de ida sólo se cruce con una persona y no vea circular más que un vehículo; incluso, para crear aún más ambiente, podríamos hacer que este vehículo fuese una ambulancia con la sirena encendida.

También podríamos mencionar el silencio. La mejor manera de mostrar un silencio es mediante un contraste. Fíjate: podemos mencionar algún sonido que normalmente no llegaría a oírse en una ciudad debido al ruido del tráfico, las obras y la gente en general, o que pasaría inadvertido, y de esta manera se entenderá que la ciudad estaba en silencio, ya que, si ni lo estuviese, no se oiría ese sonido. Por ejemplo, podríamos informar de que lo único que se oía era la sirena de una ambulancia lejana. Alternativamente, podríamos informar de que se sólo oía el canto de los pájaros, y así, de paso, estaríamos informando de que los animales, ante la ausencia de personas y coches, habían hecho suya la ciudad.

Recuerdo que durante los primeros días del confinamiento, que era cuando más miedo a contagiarse había, sucedía que, a menudo, cuando te cruzabas con alguien en la calle, la otra persona se echaba a un lado para no pasar cerca de ti. Este comportamiento también nos valdría como elemento de ambientación: podríamos hacer que el personaje, nada más salir de casa, se cruce con una persona y que esta se aparte por miedo a contagiarse.

También recuerdo que durante el confinamiento se formaban colas en el exterior de las tiendas, ya que los aforos de los locales estaban limitados. Pues bien, estas colas serían otro posible elemento de ambientación: podríamos hacer que cuando el personaje llegue al supermercado, vea que hay dos o tres personas haciendo cola para entrar. Fíjate en que perfectamente se podría hacer que no hubiese cola, es decir, se trata de un elemento accesorio, como muchos de los que se usan para ambientar una obra de ficción, en el sentido de que si no lo incluyésemos, la historia no quedaría afectada.

De la misma manera, convendría que hiciésemos que todo el mundo llevase mascarilla. Durante las primeras semanas del confinamiento, su uso no era obligatorio (por lo menos, aquí en Barcelona), pero si mostramos cómo la gente la llevaba, estaremos contribuyendo a crear la impresión de que la historia tiene lugar durante una pandemia.

También me fijé en que, en los parques, los juegos infantiles (los columpios, los toboganes, los balancines…) estaban precintados. Este sería otro elemento al que podríamos recurrir para recrear el confinamiento, aunque sólo deberíamos usarlo en caso de que resulte verosímil que el personaje pase por uno de estos parques en su trayecto al supermercado, ya que, de lo contrario, estaríamos evidenciado que el elemento aparece únicamente por motivos de ambientación.

En fin, podríamos recurrir a muchos otros elementos para ambientar la ida del personaje al supermercado y su regreso a casa. Estos que he mencionado los he sacado de mi experiencia callejera durante el confinamiento, pero también podríamos sacarlos de lo que nos hayan contado otras personas o de lo que se haya publicado en los medios.

Por ejemplo, durante el confinamiento se hicieron virales algunos vídeos en los que se veía a personas que sacaban a pasear al perro o iban a tirar la basura disfrazados: de dinosaurio, de Spiderman, de la Bella y la Bestia... Pues bien, podríamos investigar un poco y tratar de encontrar algún comportamiento peculiar del estilo que nos pueda ir bien para la historia que estamos contando.

También se hicieron virales algunos vídeos en los que veía a animales salvajes que, aprovechando la coyuntura, se habían adentrado en zonas urbanas: jabalíes, ciervos... y hasta un oso. Podríamos indagar un poco y hacernos con una relación de los animales salvajes que actuaron así, y quedarnos con el que mejor nos vaya que vea el protagonista de nuestra historia en su trayecto al supermercado.

Bueno, pues nada más en cuanto a este artículo. Espero que el ejemplo te ayude a ambientar tus obras de ficción.

¡A seguir escribiendo y resistiendo!


Día 244
La técnica del teletransporte (I)


Hay otros mundos aparte de este que nos ha tocado vivir en 2020. En este nuevo artículo de la serie Quédate en casa (a escribir) voy a darte algunas indicaciones para que ambientes adecuadamente tus obras de ficción. Una buena ambientación actuará a modo de teletransporte a otro tiempo o lugar, o a ambos, y puede elevar un texto hasta límites insospechados.

Para que puedas captar a qué se refiere exactamente el término ambientación, voy a ponerte, primero, un ejemplo no literario:

Imagina que un amigo te llama una mañana por teléfono y te dice que acaba de abrir un restaurante en la ciudad y que quiere que lo veas: que te invita a comer en él. Le dices que vale, que aceptas. Cuando llegas al lugar, tu amigo te está esperando frente al local. “Es un restaurante medieval”, te dice. La puerta es una puerta normal, como la de cualquier otro restaurante. Entráis. Ves que el local tiene sus mesas, cada una con sus sillas, su mantel, sus platos, sus vasos y sus cubiertos, y que tiene también sus luces en el techo y en las paredes y su personal de servicio dispuesto a atenderte. Tu amigo te pide que te sientes donde quieras, y tú te sientas. Al de poco, los empleados comienzan a servirte. Ves que se trata de comida y bebida que perfectamente podría ser la propia del Medievo: potaje de verduras, pescado ahumado y en salazón, carne hecha al fuego, vino, fruta… Todo resulta estar muy rico. Cuando has acabado, tu amigo se acerca y te pregunta: “Bueno, ¿qué te ha parecido?”. Tú le respondes: “Pues muy bien: estaba todo muy rico… pero me ha faltado algo”. “¿Qué?”, te pregunta. Le contestas: “No me he sentido en la Edad Media”.

Efectivamente, nada en el restaurante (salvo la comida) ha permitido que te sintieras en esa época: las mesas y las sillas no eran de madera, las paredes y el suelo no eran de piedra, no colgaban del techo lámparas del hierro forjado ni había tapices en las paredes, no sonaba la típica música antigua, el personal iba vestido con ropa actual... Tu amigo no se había preocupado de trabajar la ambientación del restaurante.

Por el contrario, si ya de inicio el local no hubiera sido uno más en la ciudad, sino una vieja construcción fortificada en las cercanías de un pueblo, y tu amigo no sólo se hubiera preocupado de poner mesas y sillas de madera, y lámparas antiguas y tapices, sino también de que la comida y la bebida se sirviera en cuencos y jarras de madera y de hacer que los trabajadores fuesen vestidos cada uno como un personaje típico medieval (el posadero, la mesera, el caballero, la princesa, el rey, la bruja, el trovador…), y sonase música de mandolina, y el trovador, durante la comida, le leyese un poema de amor a la princesa, entonces sí habrías podido sentirte en el Medievo.

Sucederá lo mismo con una obra de ficción. Si concibes una historia que transcurra en la Edad Media y comienzas a narrarla sin haber trabajado la ambientación, no estarás permitiendo que la persona que lea la obra crea estar en esa época. La trama podrá resultar interesante, y los personajes, lo mismo, y los lugares en los que transcurra la acción, otro tanto, pero estará faltando algo muy importante, el ambiente medieval, y esto le quitará puntos a tu obra.

Así, la ambientación es el conjunto de acciones que permiten crear la impresión de estar en un lugar y tiempo determinados, ya sea un emplazamiento real o ficticio. Se llama también ambientación al efecto que se logra con tales acciones. La ambientación no es el lugar ni el tiempo en cuestión, sino toda una serie de elementos, de todo tipo (escenarios, partes de escenarios, iluminación, olores, condiciones climáticas, objetos, personajes, rasgos de los personajes, formas de expresarse, acciones, comportamientos, creencias, canciones, palabras…) que, incluidos por aquí y por allí en una obra de ficción, provocan que quien la lea crea haber sido teletransportado a ese mundo.

En el ejemplo de la ambientación del restaurante medieval, esta serie de elementos serían: la edificación en sí, que ya tendría sus paredes y suelos de piedra, sus techos altos, sus ventanales, etc., los muebles de madera, las lámparas y tapices, los cuencos y las jarras, la vestimenta y el resto de la caracterización de los empleados, su actuación, la música de mandolina, el poema que lee el trovador… Podríamos añadir otros: ya para empezar, el nombre del restaurante podría ser, qué sé yo, “El mesón de Camelot”; luego, en la entrada podríamos poner una reja y un puente levadizo, si el presupuesto diese para ello; y ya en el interior, una chimenea con su fuego y algunas armaduras y escudos por aquí y por allá; para acabar, las cartas del menú podrían ser pergaminos, e incluso podríamos ponerles nombres medievales a los platos: “Sopa druídica, “Arenque del río encantado”, “Filete al estilo bárbaro”…

Ya en el tema que nos ocupa, para lograr una buena ambientación en una obra de ficción en la que se cuente una historia que transcurra en la Edad Media convendrá, lo primero, que toda o una buena parte de la acción transcurra en uno o varios lugares propios de la época: una ciudad, un castillo, una abadía, la torre de un alquimista… Si, en cambio, hacemos que la mayor parte de la acción transcurra en, pongamos, un bosque, no tendremos, en principio, un escenario particular que nos ayude en la ambientación, ya que bosques los ha habido en otras épocas y los sigue habiendo en la actualidad, sin que ello signifique que no podamos colocar en ese bosque otros elementos de ambientación, como serían unos bandidos armados con espadas, la cabaña de un curandero, unos monjes en peregrinación...

También podríamos jugar con el clima. En la Edad Media hacía más frío que ahora, e, incluso, durante unas décadas el tiempo fue glacial, así que podríamos incluir un ambiente gélido, con sus nevadas, y hacer que la gente fuese en todo momento abrigada.

Luego, tendríamos que hacer que los personajes mostrasen el comportamiento típico de la época: la gente era más religiosa y supersticiosa, y se contaban leyendas; la medicina no estaba tan avanzada como lo está hoy, y se recurría a hierbas y remedios caseros; se viajaba, por lo general, a pie, y mucha gente no sabía nadar.

Como ya vas viendo, para lograr una buena ambientación no queda otra que conocer bien el lugar y el tiempo que queremos emular. Si son reales, y la época es la actual o una reciente, es posible que hayamos vivido en ellos, y este caso ya los conoceremos; en caso contrario, será necesario que nos documentemos. Incluso aunque los conozcamos, convendrá que realicemos tareas de documentación. Y si son ficticios (por ejemplo, la historia transcurre en el futuro o en un lugar fantástico), tendremos que crearlos con todo su detalle.

La clave, en cualquier caso, es la particularidad. Si únicamente ambientamos mediante elementos que resulten ya conocidos, no lograremos crear la sensación de estar en un mundo distinto, es decir, en otro lugar o en otro tiempo, o en ambos, distintos a los que ya conocemos, y la ambientación resultará poco eficaz.

Fíjate: si únicamente ambientamos mediante la inclusión de un castillo, un caballero con su armadura y su espada, el rey y la princesa, la ropa de la época, etc., así, sin más, no iremos muy lejos: es un mundo que, por más no sea el nuestro, ya conocemos. En un restaurante sí funciona, porque no estamos habituados, en la vida real, a estar sentados en el comedor de un castillo y ver cómo un caballero reta a muerte a un trovador, pero en la ficción, tanto el escenario (el castillo) como los personajes (el rey, la princesa, el caballero, el trovador...) como la acción (el reto a muerte) son elementos que no aportan ya demasiado, ambientalmente hablando.

En cambio, si nos documentamos un poco y averiguamos que, por ejemplo, en las décadas más frías de la Edad Media se congelaron las cosechas y murieron muchas reses, y que, a raíz de ello, se produjo una gran hambruna y la gente comía lo que encontraba, y mostramos elementos que comuniquen este contexto (la nieve, la gente famélica, la poca comida que había, los castillos sin apenas nadie, e incluso el canibalismo) entonces la ambientación será mucho más potente, porque estaremos mostrando un mundo desconocido para la mayoría.

Bueno, pues hasta aquí este artículo. Hay mucho que hablar sobre la ambientación, pero lo dejo para otro día.

¡A seguir escribiendo y resistiendo!


Día 201
Vacúnate contra las redundancias (II)


En el artículo anterior te entregué la primera dosis de la vacuna contra el redundavirus. Pues bien, aquí tienes la segunda. Se trata de una nueva serie de indicaciones y ejemplos que te ayudará a librar de redundancias cualquier texto que escribas.

Para empezar, es importante que conozcas cuáles son las expresiones redundantes más habituales, así podrás evitarlas. Ya en la primera parte del artículo te había mostrado unas cuantas, y ahora te mostraré algunas más.

Por ejemplo, una muy habitual es...

soler a menudo

Es redundante porque el verbo soler ya lleva implícito el significado de a menudo.

Otra igualmente frecuente es...

momento puntual

Todo momento es, por definición, puntual, por lo que se hace innecesario calificarlo como tal.

También es redundante la expresión...

vistazo rápido

... ya que, por definición, un vistazo es siempre rápido.

Y aquí tienes otra:

completamente abarrotado

En esta expresión, el uso del adverbio es innecesario, puesto que el adjetivo abarrotado ya lleva implícito el significado de completamente.

A partir de aquí, tú mismo has de ser capaz de detectar cualquier otra expresión redundante que pueda desvirtuarte un texto. Para ello, se trata de que te asegures de que las palabras que uses en una expresión no aporten una información que esté siendo ya ofrecida, de la manera que sea, en el resto de la expresión.

Por ejemplo, cuando añadas un adjetivo, has de vigilar que la cualidad que exprese no esté incluida ya en el significado del sustantivo.

Fíjate: la expresión...

certezas sólidas

... es redundante, puesto que toda certeza es, por definición, sólida; si no fuese sólida, no sería una certeza.

El mismo cuidado has de tener cuando añadas un adverbio. Por ejemplo, es redundante la expresión...

totalmente calcinado

... puesto que calcinado ya lleva implícito el significado de totalmente.

A menudo, para detectar redundancias es necesario conocer el significado exacto de las palabras y expresiones.

Por ejemplo, si conoces el de la palabra lapso, lo tendrás más fácil para evitar la redundancia...

lapso de tiempo

... ya que sabrás que un lapso no es otra cosa que una porción de tiempo, es decir, que la palabra lapso lleva implícita la cualidad temporal.

De la misma manera, si conoces el significado exacto de la palabra holgura, podrás identificar y evitar la redundancia...

mucha holgura

... puesto que sabrás que la palabra holgura se refiere a una anchura sobrada, esto es, que en ella ya está implícito el "mucho".

También, para detectar redundancias, resulta útil tener conocimientos acerca del origen o procedencia de las palabras.

Por ejemplo, la expresión...

Ojalá Dios quiera que...

... es redundante, puesto que la interjección ojalá, que proviene del árabe, ya significa Dios quiera. La forma no redundante de esta expresión sería...

Ojalá (que)...

En este mismo sentido, es redundante la expresión...

el desierto del Sahara

... puesto que la palabra Sahara, que también proviene del árabe, significa, justamente, desierto. Así, la forma correcta de referirse a esta extensión de terreno es...

el Sahara

También es redundante la expresión...

las islas Feroe

... puesto que la palabra Feroe, que proviene del danés, significa "islas de los corderos". De esta manera, lo propio es referirse a estas islas como...

las Feroe

... así, sin más.

Lógicamente, según qué expresiones redundantes de este tipo, en las que están implicadas palabras que provienen de otras lenguas, se hacen muy difíciles de detectar.

Otra del estilo es...

la galaxia Vía Láctea

... ya que la palabra galaxia, según su origen griego, significa, precisamente, "vía láctea". La forma correcta de referirse a nuestra galaxia es...

la Vía Láctea

... sin más.

A menudo te será de gran ayuda conocer el significado de los prefijos griegos y latinos. Por ejemplo, en la palabra antecedente tenemos el prefijo latino ante-, que indica anterioridad, y esto nos permite identificar como redundante la expresión...

antecedentes previos

Efectivamente, y como puedes comprobar consultándola en el diccionario, la palabra antecedente ya lleva implícito el significo de previo.

De la misma manera, en la palabra pseudónimo, el prefijo griego pseudo- indica falsedad, y esto hace más fácil identificar como redundante la expresión...

pseudónimo falso

... y es que en ella se está informando dos veces de que aquello a lo que se refiere es falso.

Es muy habitual que una redundancia venga provocada por una confusión de términos, y en este sentido has de asegurarte de que las palabras que uses en tus textos sean siempre las correctas.

Por ejemplo, la expresión...

vagar sin rumbo

... es, si te fijas, redundante, ya que vagar ya lleva implícito el significado de sin rumbo. Es igualmente redundante...

deambular sin rumbo

En ambos casos, la redundancia viene provocada por una elección incorrecta del verbo en el momento de formar la expresión. La forma correcta, si queremos mantener el complemento "sin rumbo", es...

andar sin rumbo

... o bien...

ir sin rumbo

Exactamente igual sucede con la expresión redundante...

perdurar en el tiempo

Es redundante porque perdurar ya lleva implícito el significado "en el tiempo". La expresión correcta es...

persistir en el tiempo

... o bien...

permanecer en el tiempo

... puesto que ni persistir ni permanecer llevan implícito el significado de "en el tiempo".

De la misma manera, es redundante la expresión...

improvisar sobre la marcha

... puesto que improvisar ya lleva implícito el significado de sobre la marcha. Esta expresión se forma por confusión con los términos de la expresión...

decidir sobre la marcha

... que sí es correcta.

Otro ejemplo: es redundante la expresión....

hacer especial hincapié

... y es que hacer hincapié ya lleva implícito, de alguna manera, el significado de tratar de manera especial.

Esta redundancia se genera al mezclar los términos de...

hacer hincapié

... que sí es una expresión correcta, con los de expresión...

hacer especial mención

... o los de la expresión...

hacer especial referencia

... que también son correctas.

Aprovecho para comentar que es también redundante la expresión...

hacer mucho hincapié

... puesto que hacer hincapié también lleva implícito, de alguna manera, el significado de mucho.

Es igualmente redundante la expresión...

poner hincapié

... puesto que la palabra hincapié ya lleva implícito el significado de poner. Y es redundante por partida doble la expresión...

poner mucho hincapié

Ya para acabar, te comentaré que no sólo has de vigilar cualquier redundancia que te pueda aparecer en una expresión breve, sino también las que se puedan generar entre partes de una oración o, incluso, entre varias oraciones.

Por ejemplo, si yo escribo...

Para acabar, pondré un último ejemplo.

... estoy redundando, puesto que estoy informando dos veces de que el ejemplo que pondré será el último. Lo correcto sería...

Para acabar, pondré un ejemplo más.

... o bien...

Para acabar, pondré otro ejemplo.

... o bien...

Pondré un último ejemplo.

Y nada más en cuanto a este artículo.

¡A seguir escribiendo y resistiendo!


Día 173
Vacúnate contra las redundancias (I)


El virus de la redundancia se propaga con facilidad. Para que puedas inmunizarte contra él, en este artículo voy a explicarte en qué consisten las redundancias, cómo se originan y de qué manera puedes evitarlas en tus textos. Iré ejemplificando con redundancias de todo tipo. Si quieres empezar a generar anticuerpos, sólo tienes que seguir leyendo.

Nota: este artículo, al igual que el que publiqué hace unos meses sobre el uso correcto de la coma, es el doble de extenso de lo habitual. Para que puedas digerirlo bien, lo he dividido en dos. De momento, aquí tienes la primera parte, y en unos días publicaré la segunda.


Empecemos. Cómo sabrás, una redundancia es el ofrecimiento por replicado de una información. A modo de ejemplo, en la siguiente frase...

A mí me gusta el zumo de maracuyá.

... hay una información repetida, puesto que se ofrece dos veces el dato de a quién le gusta el zumo de maracuyá: una vez con las palabras A mí y otra con la palabra me. En principio, habría bastado con dar esta información una sola vez:

Me gusta el zumo de maracuyá.

Como ves, hemos eliminado la redundancia, y con ello la comunicación resulta más eficiente, puesto que estamos diciendo lo mismo con menos palabras.

En general, las redundancias introducen texto innecesario, y, por ello, conviene evitarlas. ¿Por qué obligar a leer tres palabras cuando con una es suficiente?

A veces, no obstante, las redundancias están justificadas. Por ejemplo, podemos repetir una información para hacer énfasis en ella, o para dejar claro lo que estamos diciendo, o para evitar que la comunicación resulte breve en exceso.

Por ejemplo, en la frase que he mostrado inicialmente, podríamos no sólo dejar el "A mí", sino remarcar la afirmación añadiendo un "sí":

A mí sí me gusta el zumo de maracuyá.

Bueno. A continuación voy a ir mostrando expresiones que, salvo en casos excepcionales, resultan redundantes, y que, por tanto, conviene evitar.

Para empezar, mencionaré algunas que ya debes conocer: son redundantes...

subir arriba

bajar abajo

salir afuera

entrar adentro

Complicando un poco el asunto, te diré que son también redundantes aquellas expresiones que resultan de complementar con el adverbio más un verbo que ya lleva implícito ese significado:

Así, es redundante la expresión...

se ha incrementado más

Lo correcto es...

se ha incrementado

... así, sin el más, puesto que incrementar ya lleva implícita la adición. En el caso de que se tratase de un segundo incremento, la expresión a usar sería...

se ha incrementado de nuevo

De la misma manera, es redundante la expresión...

lo han prorrogado dos semanas más

Lo correcto es...

lo han prorrogado dos semanas

... sin el adverbio. En el caso de que se tratase de una segunda prórroga, la expresión a usar sería...

lo han prorrogado otras dos semanas

Más ejemplos: se redunda cuando se usa la expresión volver a con un verbo que ya lleva implícito el significado de por segunda vez:

Es redundante, así, la expresión...

vuelvo a repetir

Sólo será correcta en el caso de que se esté comunicando algo por tercera vez.

Lo correcto es decir...

repito

Se redunda igualmente cuando se usa la expresión otra vez (o una análoga: por ejemplo, de nuevo) con cualquier verbo de este tipo. Así, es redundante la expresión...

han reabierto de nuevo

Lo correcto es...

han reabierto

De manera análoga, es redundante, por ejemplo, la expresión...

nuevos rebrotes

... puesto que un rebrote ya es algo nuevo, tal como indica su definición:

rebrote

1. Tallo nuevo que brota de un árbol o de una planta.
2. Acción de rebrotar o aparecer de nuevo una cosa material o inmaterial no prevista y, generalmente, considerada nociva.


La expresión correcta, en relación a los brotes recientes de una pandemia, sería...

nuevos brotes

o, quizás...

últimos rebrotes

Se redunda siempre que se califica de anterior algo que ya lleva implícita una anterioridad.

Por ejemplo, es redundante la expresión...

plan previo

... puesto que un plan siempre se realiza con antelación.

Por el mismo motivo, es redundante la expresión...

preparar el plan

... puesto que la palabra preparar lleva también implícita una antelación.

Ni qué decir tiene que es redundante, y por partida doble, la expresión...

preparar el plan previo

Una redundancia muy, muy frecuente es la expresión...

cita previa

Es redundante porque toda cita, al igual que todo plan, implica una anterioridad. El único caso en el que se puede calificar de previa una cita es cuando es previa en relación a otra. Por ejemplo, si contactamos con un profesional (una fisioterapeuta, por ejemplo) para que nos atienda en una serie de sesiones, y nos requiere un encuentro preliminar que le permita conocer nuestra problemática y saber si puede ayudarnos o no, ésta sí sería una cita previa (a las otras).

Sucede parecido con la palabra requisito. La expresión...

requisito previo

... es redundante, puesto que todo requisito es, por definición, previo. Únicamente tendrá sentido calificar como previo un requisito cuando lo sea respecto a otro requisito, es decir, cuando sea un prerrequisito.

En general, cualquier expresión que indica una anterioridad, como previamente, a priori, por anticipado, etc., genera una redundancia cuando con ella se complementa un verbo que ya lleva implícita esa cualidad.

Así, es redundante la expresión...

prever con antelación

De manera similar, son expresiones redundantes aquellas en las que, de la manera que sea, se califica de anterior algo que, por definición, siempre lo es.

Por ejemplo, es redundante la expresión...

reliquia del pasado

... ya que todas las reliquias son del pasado; y también es redundante la expresión...

recuerdos del pasado

... por el mismo motivo.

Es igualmente redundante la expresión...

viejo proverbio

... ya que todos los proverbios tienen una cierta antigüedad.

Cambiando el sentido de la flecha del tiempo, son redundantes aquellas expresiones en las que se le añade una referencia al futuro a algo que ya se refiere a él.

Así, es redundante la expresión...

predicción para el futuro

... puesto que todas las predicciones tienen como objeto el futuro.

También es redundante la expresión...

tiene un gran futuro por delante

... ya que el futuro siempre se tiene por delante (a menos que se viaje en el tiempo, o algo así). La expresión correcta es...

tiene un gran futuro

La que es correcta es la expresión...

tiene toda la vida por delante

... ya que se puede tener toda la vida por delante o toda a las espaldas, o mitad y mitad; el futuro, en cambio, sólo se puede tener por delante.

Cuando usamos el adjetivo final para calificar algo que, por definición, ya implica una finalización, estamos redundando. Así, es redundante la expresión...

decisión final

... como lo es la expresión...

resultado final

... y la expresión...

desenlace final

Son igualmente redundantes las expresiones...

remate final

... ya que un remate es ya una finalización, y...

broche final

... ya que la palabra broche se usa, metafóricamente, con el significado de finalización.

Exactamente lo mismo sucede con la expresión...

colofón final

Te animo a que busques la palabra colofón en el diccionario y compruebes que se refiere a una finalización.

Igualmente, cuando nos referimos a algo que, por definición, tiene la cualidad de inicial, es redundante añadir un término que informe de esa cualidad.

Así, es redundante la expresión...

preparación inicial

... puesto que una preparación se lleva a cabo siempre al inicio de algo. También es redundante la expresión...

empezar de cero

... ya que empezar es, por definición, hacer la primera parte de algo. La expresión a usar sería...

empezar de nuevo

... o también se puede...

partir de cero

... o de cualquier otro punto, así como, en general...

hacer algo desde cero

...o bien...

empezar a hacer algo sobre algo por el inicio de ese algo

... o por cualquier otro punto.

Precisamente, en la continuación del artículo explicaré cómo, en ocasiones, las expresiones redundantes se originan por confusión con los términos de expresiones similares. En el ejemplo que acabo de poner, la expresión empezar de cero, redundante, surge de mezclar las expresiones empezar de nuevo y partir de cero, ambas correctas.

Por ejemplo, la expresión...

en primera línea de frente

... es redundante, ya que un frente ya es una primera línea: es la línea que une las unidades más avanzadas de un ejército. Esta redundancia viene causada por confusión con la expresión...

en primera línea de batalla

... que sí es correcta, puesto que, en una batalla, los efectivos se disponen en varias líneas

Igualmente, resulta de una confusión de términos la expresión redundante...

en primera línea de fuego

... puesto que la línea de fuego es ya la primera línea de un combate: o se está en ella, o no se está, es decir, no se puede estar en segunda línea de fuego.

Lo que sí puede haber, en una batalla, es una primera línea de defensa, una segunda línea de defensa, etc.

Aprovecho para comentar que es redundante la expresión...

línea del frente

... así, sín más, puesto que, como ya he explicado, un frente es, por definición, una línea.

También es redundante, y ya dejo los términos bélicos, la expresión...

línea del horizonte

... ya que, por definición, el horizonte es una línea: es la línea en la que parecen unirse el cielo y la tierra.

En fin, podría seguir indicando expresiones redundantes, ya que me las encuentro a menudo en los ejercicios que corrijo.

Hablando de ejercicios, y con esto ya acabo, es redundante la expresión...

ejercicio práctico

... puesto que todo ejercicio es práctico. La definición de esta palabra lo deja claro: un ejercicio es una...

práctica que sirve para adquirir unos conocimientos o desarrollar una habilidad

Bueno, espero que con este empacho de redundancias hayas generado ya unos cuantos anticuerpos.

Lo dicho: en unos días publicaré la segunda parte del artículo.

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