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Cómo desadjetivar tu escritura


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Por César Sánchez Ruiz



Capítulo 1



El microbio sigue ahí, a las puertas, esperando a que nos despistemos.

Espero que en lo que llevamos de reclusión hayas escrito mucho y que en tus textos no estés cometiendo errores graves. Voy a hablarte de uno que detecto con frecuencia en las obras que reviso y que rebaja considerablemente la calidad de cualquier escrito.

El error no es otro que el uso excesivo de adjetivos, es decir, la inclusión en el texto de bastantes más adjetivos de los necesarios. Un abuso de los adjetivos provoca que el discurso resulte empalagoso, insubstancial y poco eficaz.

Los adjetivos, como ya sabrás, son aquellas palabras que dan información sobre el sustantivo. Los hay de varios tipos: calificativos, posesivos, demostrativos, numerales... El error del que te estoy hablando lo produce el uso excesivo de adjetivos calificativos (valiente, fugaz, azul, etc.) y de los participios que actúan como adjetivos (roto, adornada, oculto, etc.); tanto unos como otros comunican cualidades del sustantivo.

A menudo, el error viene provocado por un deseo de impresionar. El ánimo de demostrar que se sabe escribir bien o de que lo que se está contando es realmente importante lleva a atiborrar las frases o a enfatizar la comunicación, y una forma fácil de añadir esta palabrería es usar adjetivos, ya que se pueden ir colocando en la frase en cualquier momento (cada vez que aparece un nombre) sin demasiado problema.

En otras ocasiones, el exceso de adjetivos viene provocado por una falta de recursos de vocabulario o sintácticos en el momento de elaborar la frase. De nuevo, el adjetivo es la solución fácil: en vez de encontrar el sustantivo o la expresión idónea para lo que queremos comunicar, no limitamos a acompañar un sustantivo del primer adjetivo que nos viene a la cabeza, o, incluso, de varios.

¿Cuántos adjetivos son más de los recomendables? Para poder darte una referencia objetiva, he llevado a cabo una pequeña investigación. Te la detallo:

En primer lugar, he recuperado algunos de los textos que he ido corrigiendo estas últimas semanas y he calculado para cada uno el porcentaje de adjetivos respecto al total de palabras del texto; luego he comprobado si en la corrección del texto había indicado un abuso de los adjetivos.

A modo de ejemplo, he podido ver que en una corrección en la que sí lo había indicado, de las 147 palabras que tenía el primer párrafo del texto, 19 eran adjetivos, es decir, el porcentaje era superior al 12 %.

En cambio, en otra en el que no había indicado ningún abuso de los adjetivos, el inicio del texto corregido tenía 281 palabras, de las cuales 18 eran adjetivos, es decir, el porcentaje no llegaba al 7 %.

Luego he procedido a calcular la proporción de adjetivos en los textos de algunas obras conocidas, y he obtenido los siguiente datos:

En el poema No te salves, de Mario Benedetti, que tiene una extensión de 143 palabras, el número de adjetivos es 5, es decir, el porcentaje no llega al 4 %.

El primer párrafo del relato La isla a mediodía, de Julio Cortázar, que es un texto más descriptivo, tiene una extensión de 127 palabras, de las cuales 8 son adjetivos, es decir, el porcentaje es algo más del 6 %.

En el inicio de la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, que también tiene su dosis de descripción, hay 9 adjetivos en las primeras 120 palabras, es decir, el porcentaje es algo menos del 8 %.

Por su parte, en la reflexión inicial de la novela La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, que tiene una extensión de 138 palabras, sólo hay 4 adjetivos, es decir, el porcentaje no llega al 4 %.

Ya por último, y más que nada por curiosidad, he calculado la proporción de adjetivos en unos cuantos haikus, y he visto que tienen 10 palabras de media y que suelen incluir uno o ningún adjetivo, es decir, el porcentaje medio es del 5 %.

Como ves, he podido hacerme con una referencia más o menos válida de cuál es la proporción aceptable de adjetivos en un texto. Puedes usarla ahora para saber si abusas de los adjetivos o, por el contrario, los dosificas correctamente. Sigue este procedimiento:

Cuenta los adjetivos que hayas usado en un texto y el total de palabras del texto, divide el primer número entre el segundo y multiplícalo por cien: el resultado es el porcentaje de adjetivos que tiene ese texto. No es necesario que uses un texto entero, sino que puede ser un fragmento de unas 200 palabras.

Únicamente has de tener en cuenta los adjetivos calificativos (es decir, no los posesivos, ni los demostrativos, ni los numerales, etc.) y los participios que actúen como adjetivos (es decir, que no lleven complementos verbales); en la cuenta no han de entrar los que estén sustantivados, y tampoco has de contar los que formen parte de nombres propios.

Si el porcentaje es superior a 10, estás, casi seguro, abusando de los adjetivos, y deberás proceder a "desadjetivar" tu escritura.

Si está entre 5 y 10, podría ser que estuvieses abusando de ellos, pero también que los estuvieses usando correctamente; dependerá un poco del tipo de texto: por ejemplo, si se trata de la descripción de un escenario, este porcentaje podría ser aceptable, mientras que si se trata de una reflexión sobre un tema en particular, seguramente será demasiado alto. En cualquier caso, te recomiendo que, en lo posible, limites el uso de los adjetivos.

Si el porcentaje es inferior a 5, podría ser que puntualmente estuvieses abusando de ellos (por ejemplo, que, en un descuido, hubieses puesto unos cuantos muy cerca unos de otros, en una misma frase, por ejemplo), pero, en general, no estás haciendo un uso excesivo de ellos.


¿Ya has hecho el test? ¿Estás usando demasiados adjetivos? Si es así, vas tener que "desadjetivar" tu escritura. A continuación te explico cómo aligerar de adjetivos un texto:

En primer lugar, puedes eliminar cualquier adjetivo que no esté aportando ninguna información que resulte realmente útil. Para saber si la información que aporta un adjetivo es útil, comprueba cómo quedaría la frase sin él. Si ves que se sigue leyendo bien y que no se echa de menos la información que el adjetivo aportaba, puedes, en principio, eliminarlo.

Por ejemplo, en un caso en el que estés usando el adjetivo deliciosa referido a una cena...

Le preparó una deliciosa cena a su hija.

... y detectes que, en realidad, no hace falta informar de si la cena era deliciosa o no, puedes prescindir del adjetivo sin problemas:

Le preparó la cena a su hija.

Luego, puedes quitar cualquier adjetivo que resulte redundante, esto es, que ofrezca un dato que, por más que sea útil, ya esté siendo aportado por otras palabras.

Por ejemplo, en un caso en que estés usando el adjetivo espléndida referido a la mañana que hacía, y ya en la frase estés informando, de la manera que sea, de ese esplendor...

Era una mañana primaveral y espléndida.

... el adjetivo es, de alguna manera, redundante, y puedes quitarlo sin problemas:

Era una mañana primaveral.

Aun un adjetivo que esté aportando información útil, puedes eliminarlo. ¿Cómo? Pues haciendo que esta información la aporten otras palabras que no sean adjetivos.

Por ejemplo, puedes tratar de sustantivar el adjetivo, ya que de esta manera dejará de serlo, pero no por ello se perderá la información que estaba aportando.

Fíjate: en la expresión...

el barco velero

... puedes sustantivar sin problemas el adjetivo, y dejar...

el velero

En ciertos casos podrás librarte de un adjetivo substituyendo la pareja que forma con el sustantivo al que acompaña por otro sustantivo que signifique lo mismo que el conjunto de las dos palabras.

Por ejemplo, en vez de...

la vieja mansión

... puedes escribir...

la casona

También, en ocasiones, podrás librarte de un adjetivo introduciendo un verbo que, de alguna manera, aporte el mismo significado que el adjetivo.

Por ejemplo, en vez de...

El serpenteante camino avanzaba entre las colinas.

... puedes escribir...

El camino serpenteaba entre las colinas.

Bueno, pues hasta aquí este artículo dedicado a los adjetivos.

¡A quedarse en casa (a escribir)!


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