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Diferencias entre la novela y el guion de cine


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Por César Sánchez



Máquina de escribir



Llegó 2019, y es posible que uno de tus proyectos para el nuevo año sea lanzarte a escribir una novela o un guion de cine. Tal vez tengas dudas sobre qué género abordar. ¿Sabes en qué se diferencian? ¿Conoces cuáles son las dificultades que entraña escribir una novela? ¿Y los aspectos que hay que tener en cuenta para escribir un guion de cine? En este artículo, que te he dejado junto al árbol de Navidad, te lo explico con detalle.

1. Una novela se lee; un guion se usa

La diferencia principal entre la novela y el guion es que una novela es una narración en sí misma, mientras que un guion no lo es: un guion es un texto que sirve de guía para que un equipo de personas realice una película, y ésta sí que será ya una narración en sí misma: una narración realizada no mediante el lenguaje escrito, como una novela, sino mediante el lenguaje audiovisual, es decir, mediante imágenes y sonidos.

Tanto una novela como un guion son obras literarias, pero una novela es un texto destinado a ser disfrutado por la persona que lo lea, mientras que un guion, por más que también podamos disfrutar con su lectura, es un texto destinado a ser consultado por un productor, un director, unos actores, etc. Se puede decir que un guion es a una película lo que una partitura a un concierto o un boceto a una pintura.

2. En una novela se puede explicar; en un guion sólo se puede mostrar, y únicamente de manera audiovisual

En una novela no tenemos ninguna limitación al respecto de qué podemos comunicar. En un guion, en cambio, estamos limitados en el sentido de que sólo podemos describir lo que se pueda ver u oír, ya que cualquier información que demos que no resulte visible o audible no podrá ser plasmada en la película.

De esta manera, en una novela, podemos explicar, por ejemplo, cómo se vivía en una ciudad, qué hizo un personaje en el pasado o qué hará en el futuro, de qué habló con otro, etc. También podemos mostrar: podemos dar información visual, auditiva, táctil... Al lector no le llegará una imagen, un sonido o un tacto directamente, sino que su cerebro elaborará la sensación a partir de las palabras leídas. Únicamente estaremos limitados en el sentido de que no podremos, o nos podría costar mucho, hacer que las palabras se conviertan (en la mente del lector) en música, olores, gustos y sensación de calor o frío.

En un guion, en cambio, ya para empezar, no podemos explicar, sino que tenemos que limitarnos a mostrar, ya que la narración, al proyectarse la película, le llegará al espectador de manera sensorial, no discursiva. Aparte, como ya he comentado, únicamente podremos darle información referida a dos sentidos: la vista y al oído.

Esto se traduce en que, por ejemplo, en una novela podemos explicar qué piensan los personajes; en guion, en cambio, no podemos, porque un pensamiento ni se ve ni se oye. Es por esto que la novela es más apropiada para contar historias intimistas, mientras que el guion lo es para contar conflictos externos o de relación entre personajes. Es por esto también que algunas novelas son más fáciles de llevar al cine que otras.

Otro ejemplo de la dificultad que puede suponer escribir un guion es que para indicar una simple elipsis de tiempo (que en una novela podríamos indicar muy fácilmente con un "Tres días después") tendremos que ingeniárnoslas para traducirla a imágenes y/o sonidos. En este caso concreto, si, por ejemplo, el protagonista es un prisionero al que acaban de encerrar en una celda, para indicar que transcurren tres días podemos mostrarle en la nueva escena con algo de barba (siempre que antes fuese afeitado) o dibujando una pequeña línea vertical en la pared al lado de otras dos líneas.


Hay, no obstante, varias maneras de dar información discursiva, que no mostrar, en un guion. Una es a través de los parlamentos de los personajes; otra, a través de una voz en off; y otra, a través de un texto que se vea en la pantalla, que podría ser un breve "Tres días después" o un mucho más extenso "Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana... Nos encontramos en un período de guerra civil. Las naves espaciales rebeldes, atacando desde una base oculta...".

3. En novela no hay un estándar de formato; en guion, sí

El hecho de que una novela no sea un texto destinado a que un equipo de personas trabaje con él, sino, simplemente, a ser disfrutado por un lector, hace que su autor pueda estructurar el texto y darle forma como le apetezca o mejor resultado le dé. Un guion, en cambio, es un texto con el que luego trabajará un grupo de personas, por lo que conviene que esté escrito en un formato estándar, de manera que pueda ser interpretado con facilidad.

Así, al escribir una novela podemos dividir el texto en partes y/o capítulos o no dividirlo en absoluto; podemos ponerle prólogo y epílogo o no ponerle ni uno ni otro; podemos escribir los diálogos en estilo directo, de manera que le comuniquemos al lector las palabras exactas que pronuncian los personajes, o podemos escribirlos en estilo indirecto, de manera que le lleguen con la intermediación del narrador; podemos referirnos a un personaje por su nombre o dejarlo en el anonimato; etc.

En cambio, al escribir un guion estamos obligados a dividir el texto en escenas y ponerle un encabezado a cada una, a escribir en mayúsculas los nombres de los personajes la primera vez que aparezcan en el texto, a dejar un margen adicional a derecha e izquierda en los bloques de diálogo, e, incluso, a usar una fuente y un tamaño de letra específicos: Courier 12. De esta manera, cualquiera que consulte un guion podrá saber, sólo de un vistazo, dónde empieza una escena y dónde acaba, si incluye diálogo o no, si transcurre en un interior o en un exterior, etc. Podrá saber, incluso, cuánto durará aproximadamente la película. Aquí tienes información detallada sobre el formato en que se escriben los guiones de cine.

4. En una novela se detalla la ficción; en un guion, no

Una novela, como narración que es, sólo resultará eficaz si logramos que el lector crea estar presenciando la ficción, y para ello no nos queda otra que mostrarle los personajes, los escenarios y la acción con el suficiente nivel de detalle.

A modo de ejemplo, en una escena en la que dos personajes estén conversando en la terraza de un bar, más que limitarnos a comunicar el contenido de la conversación, convendrá que puntualmente informemos de movimientos o gestos que hagan los personajes, como sería que uno le eche un trago a su botella de cerveza o que el otro abra los ojos como platos al ser informado de algo. También podemos informar de si hace un sol radiante o sí, por el contrario, las nubes cubren el cielo. Ninguno de estos datos tendrá, en principio, importancia dramática, pero contribuirán a que el lector pueda sentir que está en esa terraza, junto a los personajes, observando cómo hablan.

En un guion, en cambio, al no ser una narración en sí misma, sino únicamente una guía para que luego un grupo de personas realice una película, no es necesario que detallemos la ficción. Será el equipo de realización de la película quien añada los detalles cuando, a partir de la información contenida en el guion, plasme la narración en imágenes y sonidos: se localizarán o construirán los escenarios, se iluminará cada escena de manera adecuada, los actores y actrices les pondrán cara, cuerpo y voz a los personajes, etc.

En este sentido, escribir una novela resulta, si no más difícil, si más laborioso que escribir un guion: el novelista, para escribir su novela, ha de ser un poco director, actor, escenógrafo... Eso sí, lleva mucho más trabajo producir una película que escribir una novela. Tanto escribir una novela como escribir un guion es un trabajo que, en el caso general, lleva a cabo un sola persona, mientras que la única manera de realizar una película es coordinando a un buen número de ellas.

5. Narrar en palabras es gratis; en imágenes y sonidos, no lo es

Al idear una historia para una novela no hemos de preocuparnos por el coste que supondrá narrarla, más allá del tiempo que tengamos que dedicarle a escribir la obra. Como mucho, en función de qué contemos, podríamos vernos obligados a documentarnos exhaustivamente.

En un guion, en cambio, hemos de tener muy en cuenta que la narración que ideemos tendrá que ser plasmada luego en imágenes y sonidos, y que esta realización requerirá el empleo de unos recursos (escenarios, vestuario, efectos especiales...) que, de ser muy costosos, podrían provocar que no fuese viable la utilización del guion. En este sentido, conviene que, como guionistas, tengamos nociones de producción.

Así, en el caso general, no nos convendrá idear una historia que transcurra en el Japón medieval, con sus samurais y sus geishas, ya que la producción de la película supondrá un gasto importante en, como mínimo, decorados, vestuario y maquillaje. Será más adecuado que ideemos una historia que tenga lugar en nuestra ciudad y en la época actual, de manera que la producción no resulte tan costosa.


Lee más sobre el guion de cine.





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