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Cómo indicar qué personaje habla


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Por César Sánchez Ruiz






Uno de los motivos por los que resulta más exigente escribir un diálogo en relato o novela que en guion de cine o texto teatral es que en relato o novela hemos de asegurarnos de que en todo momento quede claro qué personaje habla, mientras que en guion de cine o texto teatral no tenemos ese problema, ya que siempre se informa de ello precediendo cada parlamento del nombre del personaje en cuestión.

Precisamente, un error que indico a menudo en los relatos y novelas que reviso es que en ocasiones no queda claro qué personaje habla; esto provoca un traspié durante la lectura o, en el peor de los casos, que se pierda por completo el hilo de la conversación y haya que releer las últimas intervenciones para aclararse en relación a quién dice qué.

Para ayudarte a que no cometas este error tan habitual, voy a darte a conocer cuáles son las cuatro maneras de indicar qué personaje habla.

Empecemos...

La manera habitual de indicar de quién es un parlamento es acompañarlo de un comentario del narrador que apunte la dicción del personaje. Este comentario incluirá un verbo de dicción: decir, exclamar, preguntar...

La mayoría de las veces, el comentario lo incluiremos en el mismo párrafo de diálogo, en un inciso de narrador, así:

—No creo que lleguemos a tiempo —dijo Juan—. Teníamos que haber salido antes.


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En este ejemplo que he puesto, el inciso es «dijo Juan». Como ves, este tipo de inciso se delimita con rayas.

Fíjate en que el inciso no es una frase en sí misma, sino que se integra en una de las de discurso del personaje; por tanto, no lo iniciamos con mayúscula.

Si con el inciso acaba el párrafo, entonces no ponemos raya de cierre:

—No creo que lleguemos a tiempo —dijo Juan.

Puedes ver que estas rayas que delimitan los incisos cumplen una función distinta de la que cumple la raya que abre el párrafo, que sirve para señalar que ahí comienza un parlamento. Fíjate también en que son, en cualquier caso, rayas (—), y no guiones (-). Tienes más información sobre el uso de la raya en este artículo sobre los signos de puntuación: Cómo poner bien el 95 % de los signos de puntuación de un texto (II).

Alternativamente, podemos colocar el comentario referido a la dicción en un párrafo de discurso de narrador que preceda al parlamento:

Elena dejó las llaves sobre la mesa y se sentó en el sofá antes de dirigirse a su hermano:
—Tenemos que hablar de lo que pasó anoche.


En este caso, el verbo de dicción es dirigirse. Fíjate en que tras el párrafo lo cerramos con dos puntos.

También podemos colocar el comentario en un párrafo de discurso de narrador que siga al de diálogo. Esto únicamente podremos hacerlo cuando no resulte necesario informar al momento de quién habla, sino que nos baste con informar de que se oye que alguien dice algo y, a continuación, aclarar quién ha hablado.

—No des un solo paso más si valoras tu vida.
La amenaza llegó desde la penumbra del pasillo. Una silueta alta dio un paso al frente (...)


Existen más de un centenar de verbos de dicción. Aquí tienes un artículo doble en el que te hablo de los más usados en narrativa. Existen también decenas de locuciones verbales de dicción: es una, por ejemplo, tomar la palabra; es posible que en un próximo artículo hable de ellas.

Una segunda manera de dejar claro quién habla es indicar una acción que lleve a cabo el personaje o referirnos a él de cualquier otro modo que no sea mencionando explícitamente su dicción. Aquí tienes un ejemplo:

—Que Dios nos pille confesados. —Carlos se santiguó—. Esto no pinta nada bien.

Si la información la damos en el párrafo de diálogo, como es el caso en este ejemplo, el inciso ya no será parte de una frase, como sucedía cuando se refería a la dicción, sino una frase en sí misma, y, como tal, lo empezaremos con mayúscula.

Al igual que en el caso de los comentarios referidos a la dicción, tenemos la opción de dar la información en un párrafo previo...

Un camarero se le acercó:
—¿Qué desea tomar?


... o en un párrafo posterior al párrafo de diáogo:

—¡No me interesan vuestras ofertas! ¡Y no volváis a llamarme!
Juan colgó con rabia. Era la sexta vez que le llamaban hoy.


Una tercera forma de indicar de quién es un parlamento es informar de ello a través de la forma de hablar del personaje. Si este se expresa de una manera característica, y ya la hemos dado a conocer en parlamentos previos, estaremos permitiendo que en cada uno de sus nuevos parlamentos se capte al instante que quien habla es él sin que tengamos que hacer nada más.

A modo de ejemplo, si en nuestra novela o relato tenemos un único personaje que hable a la manera del Cono Sur (Argentina, Uruguay...), con voseo, tiempos y terminaciones verbales propias, vocabulario local..., bastará con que hagamos que uno de sus parlamentos incluya alguna expresión característica de esa forma de hablar para que quede claro que quién habla es él:

—¿Qué sabés, vos?

Un ejemplo real (en la ficción) de forma de hablar propia es la de Salvatore, uno de los personajes de la novela El nombre de la rosa, de Umberto Eco. Salvatore es un monje que habla en una mezcla inconexa de varios idiomas y dialectos: latín culto, latín vulgar, italiano, español, francés, occitano...

—¡Penitenciagite! Vide cuando draco venturus est a rodegarla el alma tuya! La mortz est super nos!

En cuanto se ve este choque de idiomas, se capta que quien habla es Salvatore.

Para hacer uso de esta forma de indicar quién habla no necesitamos que la manera de expresarse del personaje sea tal que se refleje en todos y cada uno de sus parlamentos, sino que nos puede valer con que el personaje use de tanto en tanto alguna locución propia para que, al verla en un parlamento, se capte que quien habla es él.

A modo de ejemplo, Sherlock Holmes, el famoso personaje de los relatos de Arthur Conan Doyle, acostumbra a decir «Elemental» para indicar que algo es básico, obvio o evidente. Ningún otro personaje usa este término de esta manera, así que basta verlo en un parlamento para que se capte que quien habla es él.

Y una cuarta forma de indicar quién habla es a través del propio mensaje comunicado, esto es, a través de lo que dice el personaje (que no de cómo lo dice).

Sin ir más lejos, podemos hacer que el propio personaje diga quién es, que así no habrá lugar a dudas de quién está hablando:

—¡Soy tu tío Andrés! ¡Ábreme, que traigo las llaves!

Ya sin dar la información de manera tan directa, podemos hacer que lo que se diga sea tan propio de alguien que se capte al instante quién lo está diciendo:

—Voy a recetarle algo para que duerma.

Esto solo lo puede decir un médico, ya que nadie más que un médico puede recetar medicamentos.

Más allá de estos métodos, podemos aprovechar el contenido del parlamento no tanto para informar de quién habla, sino para informar de quién no habla, y entonces, por descarte, permitir que se sepa quién habla.

La forma habitual de lograr esto es mediante a inclusión de un vocativo:

—Te lo juro, Ana, no tuve nada que ver.

En este ejemplo, queda claro que quien habla no es Ana, sino que Ana es su interlocutora. Si previamente habíamos informado de que la conversación era una entre únicamente dos personajes, estaremos dejando claro ahora que quien interviene es el otro.


Bueno, pues hasta aquí esta explicación. Si te ha resultado valiosa, y no quieres perderte las próximas que escriba, subscríbete a mis envíos, y te avisaré cada vez que publique en el blog.




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