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La tensión dramática o la lucha del protagonista por evitar la fatalidad


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Por César Sánchez



Peatón



La tensión dramática es un ingrediente del que puedes echar mano en prácticamente cualquier historia. ¿Sabes en qué consiste exactamente este recurso narrativo, para qué sirve y cómo maniobrar con él? Te lo explico con detalle a continuación.

¿Qué es la tensión dramática?

Una definición de tensión dramática sería la siguiente: la tensión dramática es la intensidad de la lucha que se ve obligado a librar el protagonista por evitar que le sobrevenga un desastre. Dicho de otra manera, la tensión dramática es la falta de quietud en la historia: cuanta más tensión dramática, menos tranquilidad tendrá el protagonista (y, en general, todos los personajes).

Cuando, en una historia, la tensión dramática es baja, el protagonista apenas tiene necesidad de actuar: no hay nada que le obligue a realizar un gran esfuerzo por lograr aquello que necesita, ni a tomar decisiones difíciles, ni a asumir riesgos, sino que puede tomarse las cosas con relativa calma: puede que haya algo en juego, pero, de momento, nada le estará impulsando a actuar a la desesperada.

Imagina una historia en la que alguien vea un día a otra persona en algún sitio de la ciudad y, nada más verla, se enamore de ella, y ya no vuelva a verla, y que durante las semanas siguientes se dedique a buscarla; que al final la encuentre, y que entonces ella también se enamore de él; y que, luego ya, la relación entre en declive, hasta que, finalmente, ella muera a causa de un accidente, o rompan como pareja y cada uno siga su camino, o lo que sea. Es, como puedes ver, una historia que tiene su conflicto, ya que el protagonista ha luchado primero por encontrar a la otra persona y luego por tratar de arreglar la situación. Ahora bien, apenas llega a haber tensión dramática, ya que en ningún momento existe el riesgo de que al protagonista le sobrevenga un desastre de una cierta entidad (sin que por ello sea una mala historia).

En cambio, cuando la tensión dramática es alta, el protagonista se ve obligado a tomar decisiones que en condiciones normales preferiría no tomar, a esforzarse más allá de lo habitual, a asumir riesgos importantes, o a todo a la vez, ya que, de no hacerlo, las consecuencias serían fatales.

Si, en cambio, el protagonista, al enamorarse de la otra persona y comenzar a estar con ella, estuviese poniendo en riesgo la vida de ambos, ya sea porque, en la sociedad en la que viven, una relación como la suya esté penada con la muerte, o porque la otra persona sea la pareja de un jefe del crimen organizado, o por cualquier otro motivo, entonces la historia sí tendría una buena dosis de tensión dramática.

¿Para qué sirve la tensión dramática?

La tensión dramática es un elemento del que podemos valernos para hacer interesante una historia. Gracias a la tensión dramática, la peripecia del protagonista se seguirá con atención. ¿Logrará el personaje evitar la fatalidad o, por el contrario, se consumará el desastre?

En el ejemplo de los enamorados que ponen en peligro sus vidas al estar juntos, primero se generará interés por saber si lograrán evitar que se descubra su relación, y luego, en caso de que sean descubiertos, por saber si lograrán evitar el fatal castigo.

Existen otras maneras de hacer que una ficción resulte interesante, es decir, no todas las historias requieren tensión dramática. Por ejemplo, podemos jugar con la intriga: si la lucha del protagonista es una por encontrar la respuesta a un enigma, su acción se seguirá con interés por más que en ningún momento alguien o algo amenace al personaje.

No obstante, prácticamente todas las historias tienen tensión dramática en menor o mayor grado, y es un ingrediente imprescindible en géneros como el thriller, la historia de terror o la historia de aventuras.

¿Cómo maniobrar con la tensión dramática?

Por lo general, la tensión dramática varía a lo largo de una historia. Es clave que sepas generarla, incrementarla, decrementarla y hacerla desaparecer cuando la historia lo pida o, simplemente, cuando veas que le va bien.

Tensar por primera vez la acción en una historia no es complicado: basta con hacer que el protagonista tome conciencia de que una amenaza se cierne sobre él o sobre su entorno. Puede que sea el propio personaje quien se percate de que un peligro le acecha, o puede que alguien le informe de ello.

La amenaza puede tomar formas diversas: puede ser un asesino que quiera acabar con él, puede ser un meteorito que vaya a caer en la Tierra y causar un cataclismo, puede ser alguien que pretenda quitarle a su pareja, puede ser una prueba que le inculpe de un crimen (lo haya cometido o no), o puede ser un vecino que se haya enfadado por algo (que el protagonista haya hecho sin mala intención) y que le haya asegurado que se la devolverá con creces, por poner algunos ejemplos.

Podemos hacer que la amenaza aparezca en el inicio de la historia, de manera que con su aparición arranque el conflicto principal, o podemos hacer que ésta tome forma más adelante, una vez el protagonista ya esté actuando para alcanzar algo que necesita.

Para ejemplificar el manejo de la tensión dramática, voy a inventarme una historia: un thriller espacial, en este caso. Imagina una historia en la que dos astronautas estén habitando una pequeña base en, qué sé yo, Ganímedes (uno de los satélites de Saturno; un lugar gélido). En la base tienen todo lo necesario para vivir, y, de momento, no han sufrido ningún percance.

Pues bien, podríamos hacer que, un buen día, uno de ellos (que será el protagonista de la historia) detecte que su compañero ha dejado de realizar bien su trabajo y que no se muestra tan comunicativo como solía. Con ello, el protagonista habrá comenzado a vislumbrar el riesgo de que su compañero, por acción u omisión, cause algún problema en la base y con ello ponga en peligro la supervivencia de ambos. Con la aparición de esta amenaza, habrá dado inicio el conflicto principal de la historia, y ya tendremos un cierto nivel de tensión dramática.

Alternativamente, podemos hacer que el conflicto arranque sin tensión dramática, y generarla después: por ejemplo podemos hacer que los dos astronautas descubran algo extraño en una zona cercana a la base, como unas galerías artificiales, e informen a la Tierra, y reciban la orden de explorarlas un poco (de momento, no tendríamos tensión dramática, aunque sí que habríamos generado interés por saber qué son esas galerías), y que sea entonces, cuando regresen de su exploración, que el compañero empiece a comportarse de manera extraña (y aquí sí tendríamos ya tensión dramática).


Una vez tenemos una cierta tensión dramática, existen varias maneras de incrementarla, esto es, de hacer que el protagonista, que ya estará luchando por evitar que tenga lugar una fatalidad, se vea obligado a esforzarse más en su lucha.

Por ejemplo, podemos incrementar la tensión dramática simplemente aumentando la amenaza: haciendo que la posibilidad de que el protagonista sufra la fatalidad sea mayor.

En la historia de los astronautas, podemos hacer que, un día, el protagonista vea que su compañero no sólo ya no hace ni una sola de sus tareas, sino que se limita a permanecer sentado con la mirada perdida murmurando que les han abandonado a su suerte y que lo mejor sería acabar con todo cuanto antes.

También podemos hacer que el protagonista, en su lucha por alcanzar aquello que necesita, decida asumir más riesgos (o no le quede otra que asumirlos). De esta manera, al riesgo de que se materialice la amenaza en sí, se añadirá el que esté asumiendo el protagonista con sus acciones.

Por ejemplo, podemos hacer que el protagonista decida aislar a su compañero en alguna estancia de la base en la que no pueda causa ningún daño. Esta acción implica un riesgo considerable, ya que, si la acción no le sale bien, su compañero, seguramente, reaccionará en contra.

Otra manera es añadir una cuenta atrás, es decir, hacer que cada vez quede menos para que el desastre sobrevenga.

En la historia del ejemplo, podríamos hacer que, más adelante en la historia, tras haberse peleado violentamente ambos astronautas, una parte de la base o los sistemas de control sufran daños y el recinto empiece a despresurizarse, de manera que cada vez esté más cerca el punto crítico. El protagonista tendrá que actuar a la desesperada por evitar que la base se despresurice del todo, ya que ello supondría una muerte segura.

Igualmente, existen varias maneras de decrementar la tensión dramática. Por ejemplo, podemos hacer que, en algún punto que nos vaya bien, la amenaza disminuya, aunque solo sea temporalmente; con ello, el protagonista podrá relajarse un poco.

Por ejemplo, podemos hacer que en el primer tramo de la historia, el protagonista avise a su compañero de los cambios que ha detectado en él, y entonces éste acepte tomar calmantes, y, al hacerlo, el comportamiento extraño desaparezca (para luego volver a aparecer, y con más intensidad).

En cualquier caso, lo propio es que la tensión dramática vaya aumentando progresivamente a lo largo de la historia, de manera que llegue un momento en que ésta sea máxima. Este punto se denomina clímax dramático, y conviene que tenga lugar en el último tercio de la historia, justo antes de la resolución del conflicto. Tienes más información sobre este elemento estructural en este artículo.

Llegado el momento, hacia el final de la historia, nos interesará hacer que la tensión dramática desaparezca por completo. Si para generarla por primera vez habíamos hecho que se vislumbrase un peligro, podemos hacerla desaparecer eliminándolo por completo.

En el ejemplo, la tensión desaparecerá por completo si el protagonista logra deshacerse definitivamente de su compañero (matándole, por ejemplo) o hacer que vuelva a ser el de siempre, y volver a presurizar la base.

Por supuesto, también podemos destensar del todo la historia haciendo que se consume el desastre, ya que, en tal caso, el protagonista ya no tendrá opción de evitarlo.

Si el protagonista acaba muriendo a manos de su compañero o debido a la despresurización, o acaban muriendo ambos, el desastre se habrá consumado, y, con ello, la tensión dramática habrá desaparecido.


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