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La de historias que saldrán


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Por César Sánchez Ruiz



Puzzle



La reclusión continúa... La de historias que van a salir de esto. En poco tiempo, la pandemia llegará a las novelas, los guiones de cine, las obras de teatro...

Seguro que a ti también se te ha ocurrido ya algo sobre lo que escribir. Voy a darte algunas indicaciones para que puedas trabajar correctamente esa idea que has tenido y así no te bloquees luego. Ya en un artículo previo he había hablado sobre cómo trabajar una idea para una obra de ficción, y ahora voy a ejemplificar con una historia que tenga que ver con los sucesos que estamos viviendo.

Imagínate que hayas pensado en una historia en la que se produzca un brote de un virus mucho más mortífero que cualquier otro virus anterior (incluido el que ahora nos afecta), y que la humanidad corra el riesgo de ser exterminada.

Se trata de una idea válida, pero, de momento, no es más que eso: una idea. A partir de ella podrías crear infinitas historias. Para empezar a dar forma a una, se trata de que fijes unos cuantos elementos.

En primer lugar, tarde o temprano tendrás que decidir quién será el protagonista de la historia, es decir, de quién será la peripecia con la que darás cuerpo a la ficción.

Podrías decidir, por ejemplo, que la protagonista sea una estudiante de medicina que esté haciendo prácticas en el extranjero y presencie las primeras muertes que cause el virus.

Igualmente, más pronto o tarde tendrás que decidir el escenario, es decir, dónde y cuándo transcurrirá la acción.

Por ejemplo, para esta historia del virus podrías decidir que el brote se produzca en un país de Centroamérica (Honduras, por decir uno) en un futuro no demasiado lejano: unos años después de la crisis sanitaria que estamos viviendo ahora.

Además, convendrá que no tardes demasiado en fijar cuál será la peripecia concreta que vivirá el protagonista. Este punto es muy importante, y voy a hablarte de ello con algo más de detalle:

A menudo, cuando ideamos una historia, rápidamente acabamos haciéndonos con un personaje y un escenario, y también con un inicio de la acción, pero no con una línea argumental en sí. Si no nos tomamos un tiempo en decidir cuál será a grandes rasgos el argumento, y nos lanzamos de cabeza a escribir confiando en que la historia vaya saliendo sobre la marcha, es muy probable que lleguemos a un punto en que veamos que lo que hemos escrito no lleva a ningún sitio.

En el caso de la idea del virus, perfectamente podríamos haber ideado un inicio de historia en el que la protagonista esté atendiendo a enfermos en un hospital de campaña y empiece a ver que algunos tienen una afección que les destroza los órganos internos. Esto sería únicamente eso, un inicio de historia, no una línea argumental como tal, y si nos lanzamos ya a escribir sin tener decidido cuál será la acción en su conjunto y, por ejemplo, hacemos que lo siguiente que suceda sea que los compañeros de la protagonista también enfermen, este segundo suceso nos podría ir bien de momento, pero estaríamos corriendo el riesgo de que, por ejemplo, luego no podamos justificar por qué la protagonista, que ha estado atendiendo a afectados por un virus tan mortífero, no ha enfermado también.

Si, en cambio, más que idear un inicio de historia, te has tomado tiempo en decidir que, por ejemplo, el conflicto consistirá en que la protagonista será obligada por los militares a actuar en la zona cero de la pandemia, con la tensión que ello le causará, y que, más adelante, cuando la situación debida a la propagación del virus sea ya insostenible, tratará de salvarse ella, entonces podrás idear un inicio de historia que pueda conducir sin problemas a los sucesos que ya sabes que conformarán el tramo central de la acción. A modo de ejemplo, podrías hacer que, simplemente, la estudiante esté trabajando en la región, y que, primero, le lleguen rumores de la epidemia, luego tengan ya algún caso en el hospital, luego se declare la alerta sanitaria en el país, y entonces irrumpan los militares y se lleven a la estudiante y a sus compañeros a la zona cero. De esta manera, lo tendrás también más fácil también para encontrarle un final a la historia.


Aparte de estos tres elementos que he apuntado (protagonista, escenario, acción), convendrá que fijes otros, pero no me entretengo en hablarte de ellos ahora, sino que ya te remito, por ejemplo, a mi taller de creación de historias.

Te comentaré también que al mismo tiempo que vayas fijando todos estos elementos, deberás ir asegurándote de que luego no tengas problemas para progresar en tu trabajo por el motivo que sea.

Por ejemplo, para acabar de diseñar esta historia de la estudiante de medicina, y luego para narrarla, nos hará falta saber de virus, epidemias, medicamentos y demás. Si ya tenemos los conocimientos necesarios (por ejemplo, porque hayamos estudiado medicina), entonces no tendremos problemas, pero, si no, no nos quedará otra que documentarnos exhaustivamente, con el coste en esfuerzo y tiempo que ello supondrá. Como alternativa, podríamos decidir no contar la historia de una estudiante de medicina, sino, por ejemplo, la de un turista que se vea atrapado en Honduras en medio de la epidemia y todo se le vaya complicando. Para el escenario, lo mismo: en caso de que apenas sepamos nada sobre Honduras, podríamos optar por llevar la acción a un país que conozcamos mejor.

Buen, pues hasta aquí el artículo.


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