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Inicio: 24 de abril
Inscripción abierta
Inicio: 16 de mayo
Inscripción abierta
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El pleonasmo es un recurso retórico que consiste en situar en una misma expresión dos conceptos de igual significado.
Cuatro errores de escritura detectados con frecuencia en el trabajo de nuestros alumnos.
El oxímoron es un recurso literario que consiste en situar en una misma expresión dos conceptos de significado contradictorio obteniendo con ello un significado nuevo.
La analepsis es un recurso que nos permite romper la línea temporal de una narración. Se emplea frecuentemente en narrativa.
¿Sabías que no por ser mayúscula una letra se libra de llevar tilde?
En una obra literaria, un buen diálogo permite definir el carácter de los personajes, revelar sus intenciones y estados de ánimo y expresar su forma de pensar.
El punto de vista es la perspectiva empleada para narrar una historia. Cuando el narrador es un personaje, el punto de vista siempre será el del propio personaje, pero si usamos un narrador externo a la historia, tendremos que "ubicarlo" en algún sitio.
La técnica denominada escritura libre consiste en escribir ininterrumpidamente durante un periodo prefijado de tiempo (por ejemplo cinco o diez minutos), plasmando en un papel las ideas o los pensamientos que le pasen al escritor por la cabeza.
Una de las decisiones más importantes que deberemos tomar antes de empezar a escribir un relato o una novela es quién será el narrador de la historia.
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La prolepsis
La prolepsis es un recurso narrativo que consiste en interrumpir la línea temporal de la narración para explicar un hecho del futuro.
Veamos un ejemplo. En el inicio de la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, el narrador anticipa qué le sucederá a uno de los personajes:
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas claras y diáfanas que se precipitaba por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. [...]
Vemos cómo el narrador salta al futuro para explicar dónde estará el personaje años después, y en qué pensará estando allí, y luego regresa al pasado para contar lo que le sucedió cuando era niño.
Más adelante, todavía en el primer capítulo de la novela, encontramos otra prolepsis:
Melquíades [...] era un hombre lúgubre, envuelto en un aura triste, con una mirada asiática que parecía conocer el otro lado de las cosas. Usaba un sombrero grande y negro, como las alas extendidas de un cuervo, y un chaleco de terciopelo patinado por el verdín de los siglos. Pero a pesar de su inmensa sabiduría y de su ámbito misterioso, tenía un peso humano, una condición terrestre que lo mantenía enredado en los minúsculos problemas de la vida cotidiana. Se quejaba de dolencias de viejo, sufría por los más insignificantes percances económicos y había dejado de reír desde hacía mucho tiempo, porque el escorbuto le había arrancado los dientes. El sofocante mediodía en que reveló sus secretos, José Arcadio Buendía tuvo la certidumbre de que aquel era el principio de una grande amistad. Los niños se asombraron con sus relatos fantásticos. Aureliano, que no tenía entonces más de cinco años, había de recordarlo por el resto de su vida como lo vio aquella tarde, sentado contra la claridad metálica y reverberante de la ventana, alumbrando con su profunda voz de órgano los territorios más oscuros de la imaginación [...]
Es importante fijarse en cómo el autor se ha preocupado de dejar claro cómo la narración pasa a referirse a un tiempo futuro, tanto en el primer ejemplo:
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a [...]
... como en el segundo:
Aureliano [...] había de recordarlo por el resto de su vida como lo vio aquella tarde, sentado contra la claridad metálica [...]
Igualmente, el autor se ha preocupado de dejar claro el regreso al momento anterior al salto:
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a [...]
Lo mismo en el segundo ejemplo:
Aureliano [...] había de recordarlo por el resto de su vida como lo vio aquella tarde, sentado contra la claridad metálica [...]
Si no lo hacemos así, el lector podría perder el hilo de la narración.
Una prolepsis puede emplearse para generar expectativa en el lector, como ha hecho Gabriel García Márquez en el primer ejemplo, o simplemente para añadir una información a la escena que se esté narrando, como sucede en el segundo.
Lee sobre la técnica opuesta: la analepsis.
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