Taller de Escritores
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I Premio de Escritura Creativa

Finalistas




Cita para la habitación del pánico

Me dieron cita y la esperé; marcada como el único acontecimiento en un calendario mental. Llegó el día, llegó la hora y, por fin, llegue a la habitación. Era una habitación sórdida, lúgubre y desolada. Brillaba la ausencia de color, decoración o el más mínimo atisbo de humanidad. Las luces parpadeaban descuidadas. Al fondo del pasillo, el eco de pasos; de un hombre. Recuerdo esos pasos; robustos, sin vacilar, se acercaban sin detenerse, sin piedad. La silueta del hombre en la puerta daba luz blanca a aquella habitación fría y negra. No medió palabra. Ni me miró a los ojos; era triste y desgarrador pero comprensible. Yo tenía miedo, al fin y al cabo todo lo nuevo da miedo, y esta era una experiencia que solo pasaba una vez en la vida; era un sudor frío, un temblor disimulado. Estaba sola. Cerré los ojos. Noté un pinchazo. Pocos segundos después abandonaba la habitación. Y debieron ser muchas las familias que pudieron dormir aquella noche sabiendo que no volvería a matar a nadie.

Beatriz Bilbao Areitio



Vida telegrámica de Cuchi-cuchi, Rosi, Rosita, Rosa, doña Rosa

Cuchi-cuchi, nace. Se chupa un dedo. Duerme, llora, chupa teta, ríe, es feliz.
Rosi, va al “cole”. Feucha. Monjas. Primera comunión. Cuando juega a la comba es feliz.
Rosi, quince años. Arregla sus dientes. Canta. Lee cuentos tiernos. Parece feliz, pero...
Rosi, dieciocho años. Primer baile. Le ve de lejos. Sueña con él. No recuerda su cara. Escribe un poema de amor muy malo. Lo rompe. Llora.
Rosita, veinte años. Estudia magisterio. No tiene novio. Va al baile cada sábado. Ha fumado alguna vez.
Rosita, veintidós años. Fiesta de Año Nuevo. Él está ahí. No la mira. Llora por la noche y suspende un examen.
Rosita, veinticinco años. Viste de novia. Él dice que la ama. Ya han hecho el amor. Su mejor amiga muere de envidia.
Rosita, treinta años. Sin hijos. Acaba magisterio. Él mira a otras. Su amiga le da consejos.
Rosa, cuarenta años. Ama y odia, Sufre. Llora. Él la engaña. Es maestra de primaria.
Rosa, cincuenta años. Lío con el cartero. Confiesa. Lío con un vecino.
Rosa, sesenta años. Resignada. Sufre. Reza. Coro de iglesia. Él no puede. El vecino tampoco. La consuelan los santos.
Rosa, ochenta años. Jubilada a los sesenta y cinco. Los recuerda como algo lejano, muerto. Visita cementerios.
Doña Rosa, noventa y tres años. Esquela de diario. Alguna vecina en su pobre entierro. Nadie llora.

Juan Carlos Muñoz Soler






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