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El narrador
Una de las principales decisiones que debemos tomar al comenzar a escribir un relato o una novela es quién será su narrador. Podríamos pensar que el narrador de una historia es siempre su autor. No es así, o por lo menos no es así en todos los casos. Para verlo claramente, leamos el inicio de Moby Dick, la famosa novela escrita por Herman Melville:
Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto tiempo exactamente-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de ahuyentar la melancolía y arreglar la circulación.
En este caso, quien nos empieza a relatar la historia (y seguirá haciéndolo hasta el final de la novela) es Ismael, un marinero, y no su autor. Herman Melville ha escrito la historia, las palabras que leemos, pero es Ismael quien nos la está narrando. Si el narrador hubiera sido el propio Melville, el texto hubiera quedado de otra manera. Podría haber quedado, por ejemplo, así:
Se llamaba Ismael. En un momento de su vida se encontró con poco dinero en el bolsillo y, como no había nada en particular que le interesara en tierra, pensó que se iría a navegar por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Era un modo que tenía de ahuyentar la melancolía y regular la circulación.
En este segundo caso el narrador es una voz distinta. Ahora la narración está dominada por verbos en tercera persona, mientra que en el primer caso lo estaba por verbos en primera persona. Esto es debido a que en el segundo caso el narrador no es un personaje de la historia (es decir, Herman Melville no nos cuenta sucesos en los que él haya participado), mientras que en el primer caso Ismael sí lo era.
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